Uno de los problemas con respecto a la violencia doméstica es que escasamente se denuncia, debido a la proximidad emocional entre agresor y víctima.
Violencia doméstica
Con respecto a la violencia doméstica, no existe esta definición entre el agresor y la víctima, pudiendo ser cualquier persona que ejerce violencia física o psicológica sobre cualquier otro del núcleo familiar (descendientes, ascendientes, cónyuges, hermanos, etc.) a excepción del caso contemplado de violencia de género.
Los datos provenientes del I.N.E. (Instituto Nacional de Estadística) de España, sobre la Violencia Doméstica y Violencia de Género desde el 2011 hasta el 2015 (último informe publicado en junio del 2016) muestran una paulatina disminución de casos pasando del 7.744 en 2011 a 7.229 en 2015.
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Violencia en Casa
En mujeres las reducciones más destacadas se dan en el rango de edad de 70 a 74 años, donde se pasa de 193 casos en 2013 a 187 en 2015; por el contrario, los aumentos más destacados en mujeres se dan entre las menores de 18 años, pasando 744 casos a 894.
En hombres, la reducción más destacada se produce entre los 20 a 24 años, pasando de 167 casos en 2013 a 142 en 2015; mientras que el aumento más destacado entre los mayores de 18 años, pasando de 465 casos en 2013 a 592 en 2015.
El perfil de la víctima de la violencia doméstica en 2015, fue mujer (63,0% de los casos), nacida en España (el 83,6% de los casos) menores de 18 años (el 20,6 % de los casos).
El perfil del agresor de violencia de género en el 2015 es de un hombre (75,0% de los casos), nacido en España (83,9% de los casos), con una edad inferior a 50 años (86,9% de los casos).
Con respecto a la relación entre víctima y agresor, las relaciones paterno filiales ocupan el 65,0% de las denuncias por violencia doméstica, de los cuales el 28,7% fue madre; el 11,1% fue el padre y el 25,3% fueron los hijos.
Tal y como se ha señalado, a pesar de los datos recogidos y analizados todavía existe mucho de la violencia doméstica que no es denunciado precisamente por la proximidad entre la víctima y el agresor, ya sea porque exista una relación afectiva o de dependencia.
Así es difícil que un anciano denuncie a un nieto, aun cuando se produzca una agresión por parte de este.
A medida que se dé más visibilidad a estos casos, y sobre todo la posibilidad de denunciar, los datos recogidos serán más próximos a los reales.
A pesar de lo anterior, hay se ha de prestar especial atención al perfil de la víctima para poder establecer mecanismos de denuncia y ayuda; y por otra parte con respecto al perfil del agresor para implementar medidas de prevención.
La personalidad se va conformando durante la infancia, un período crítico incluso para las emociones.
Emociones en la infancia
Si pensamos que es precisamente en estos momentos cuando el individuo se va conformando se ha de entender que el medio ambiente donde vive es fundamental para un correcto desarrollo.
A edades tempranas la opinión, corrección e incluso reprimendas es la forma en que pueden educar los padres; papel que se amplía a los profesores con el tiempo; y a los compañeros a edades de preadoslecencia y adolescencia.
La privación de una estimulación adecuada puede estar en la base de un desarrollo incompleto por parte del menor, de ahí que en la infancia sea positiva cuanta mayor estimulación se requiera para aumentar las posibilidades de desempeño posterior.
Pero si bien, la estimulación positiva va a ayudar al menor ¿Qué pasa cuando se les castiga o se les dice eso de «eres tonto»?, pero ¿Hasta qué punto son susceptibles las emociones de los pequeños?
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El papel del correctivo
Esto es lo precisamente lo que se ha tratado de averiguar con una investigación realizada desde el Departamento de Estudios Clínicos Infantiles y Familiares, y el Departamento de Psicología del Desarrollo, Universidad de Utrecht (Países Bajos) junto con el Departamento de Psicología, Universidad de Utah (EE.UU.) cuyos resultados han sido publicados en el 2017 la revista científica Journal of Experimental Child Psychology.
En el estudio participaron 280 menores, de los cuales el 45,4% eran niñas, con edades comprendidas entre los 4 a 6 años.
Todos ellos respondieron a unas fotografías con emociones positivas y negativas, las cuales debían de identificar correctamente; igualmente se evaluó el temperamento de los menores a través del Children’s Behavior Questionnaire–Short Form.
Se separaron a los participantes en dos grupos, el primero pasó con una intervención encaminada a manipular sus emociones y el resto perteneció al grupo control.
En el primer grupo los pequeños recibían feedback positivo o negativo según el diseño experimental, es decir, previamente establecido por el experimentador.
Tras la intervención se realizaba nuevamente la evaluación emocional de los menores; al grupo control se le realizó la misma evaluación, pero sin que recibiese ningún tipo de feedback emocional.
Los resultados muestran que aquellos pequeños que reciben reprimendas verbales se sienten significativamente peor, reduciendo las emociones positivas.
Y, al contrario, cuando se avala al menor se aumentan las emociones positivas, aunque en menor medida en aquellas situaciones prosociales en que es esperable.
Y todo lo anterior independiente del temperamento o de la emoción previa de los menores.
Entre las limitaciones del estudio está en la selección de un único rango de edad, no pudiendo conocer qué pasa en etapas más tempranas o tardías a las estudiadas.
Igualmente, no se ha realizado un seguimiento de los pequeños del grupo de intervención para conocer hasta qué punto se mantiene en el tiempo las modificaciones emocionales en función de la intervención
Tal y como afirman los autores, los resultados dejan en evidencia no sólo la susceptibilidad emocional de los menores sino su vulnerabilidad.
Así los adultos podemos variar temporalmente nuestras emociones en función de las circunstancias externas, volviendo a nuestra emocionalidad «normal».
En cambio, los menores no han desarrollado todavía esa identidad emocional «normal», por lo que las circunstancias a las que se ven sometidos los menores pueden definir su vivencia emocional.
Son muchas las consecuencias que va a sufrir un adulto con altos niveles de Alexitimia.
Sobre la Alexitimia
Si bien, durante mucho tiempo se ha considerado esta como una característica biológica, actualmente se entiende que se trata de algo aprendido durante la infancia.
Hay que tener en cuenta el papel destacado del ambiente a la hora de moldear a la persona sobre todo en los primeros años de vida.
La falta de una personalidad conformada hace que pueda influenciarse en mayor medida por las opiniones, comentarios y normas de los demás.
Una educación o experiencias «inadecuadas» pueden conllevar un desarrollo «inadecuado» por parte del menor; igualmente una falta de estimulación puede empobrecer la vida y comprometer el futuro desarrollo.
Basado en estos conceptos ha surgido una teoría explicativa sobre el origen de la Alexitimia, donde la infancia se convierte en la etapa sensible de su formación pero ¿Qué papel juega la familia en la Alexitimia?
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Origen de la Alexitimia
Esto es lo que ha tratado de averiguarse con una investigación realizada desde la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad “Kore” de Enna (Italia) cuyos resultado se han publicado en el 2017 en la revista científica Clinical Neuropsychiatry.
En el estudio participaron ciento cuarenta jóvenes, de los cuales la mitad eran mujeres, con edades comprendidas entre los 15 a 23 años.
Todos completaron el Parental Bonding Instrument (PBI), para evaluar el estilo percibido para cada uno de los progenitores; el Toronto Alexithymia Scale (TAS – 20) para evaluar el nivel de Alexitimia y el Experience in Close Relationship (ECR) para evaluar la relación con los progenitores.
Se encontraron diferencias significativas entre el estilo percibido de los padres y el género del participante.
Los varones con altos niveles de Alexitimia se veían muy influidos por el control parental mientra que entre las mujeres el control paterno parece jugar un menor papel entre aquellas que tenía una mayor puntuación de Alexitimia.
Igualmente se observó como los más jóvenes, menores de 18 años se sentían significativamente menos capaces entender de comunicar adecuadamente sus emociones que los mayores.
Igualmente las mujeres percibían en mayor medida el afecto maternal y la protección paternal, frente a los varones.
Alexitimia, el trastorno del vacio de emociones, Platicando en familia https://t.co/rKWzj2nma8
Entre las limitaciones del estudio está la población objeto de estudio, la siciliana, con una idiosincrasia que requiere de nueva investigación en otras poblaciones antes de dar por validos los resultados.
Tal y como afirman los autores, los resultados apoyan las teorías que explican la presencia de la Alexitima como una «reacción» al ambiente familiar donde se desarrollo el joven.
Así, en familias orientadas al intelecto, se cultiva en menor medida la acción y la imaginación lo que genera a individuos con dificultades para comprender y expresas adecuadamente sus propias emociones, especialmente entre los varones.
Esto permite comprender el origen de la Alexitimia, y por tanto se puede establecer planes de intervención incluso desde la adolescencia, de forma que se consiga «compensar» la influencia de los padres, proporcionando un espacio donde el joven pueda descubrir sus emociones y aprenda a expresarlas de forma adecuada, mediante el desarrollo de la Inteligencia Emocional.
Una de las cuestiones todavía sin resolver con respecto al suicidio es saber si se puede predecir éste ya que así se pondrían los medios oportunos para evitarlo.
Suicido y Psicología
Uno de los acontecimientos más incomprensibles para las familias es cuando uno de sus miembros decide acabar con su existencia. A veces se suele justificar por estar sufriendo algún tipo de problema de tipo económico, sentimental o incluso psiquiátrico, pero lo que es cierto, es que en la mayoría de los casos es imprevisto.
A pesar de que quien comete el acto, en la mayoría de los casos deja por escrito los motivos que le llevaron a conocerlo, en la conocida «nota de suicidio», estos motivos no son lo suficientemente importantes para los familiares que le sobreviven.
Algunas personas, sobre todo los padres o la pareja, se achacan no haberse dado cuenta de los síntomas que preceden a una decisión tan drástica y dramática, pero ¿es posible predecir el suicidio?
Suicido y Personalidad
Es precisamente a ésta cuestión que un grupo de investigadores han realizado un estudio conjunto entre el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente y el Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro (México) publicado recientemente en Depression Research and Treatment.
En el estudio participaron 233 personas, de las cuales 49 eran pacientes con intentos de suicido que tenían diagnosticado trastorno por depresión mayor o distimia, excluyendo si además mostraba cualquier otra patología a la vez; perteneciendo las restantes 89 al grupo control con el que comparar.
Para ello evaluaron a todos los participantes con un cuestionario amplio estandarizado de 240 preguntas denominado Inventario de Temperamento y Personalidad.
Según la teoría que sustenta este cuestionario, en el Temperamento existe un componente parcialmente hereditario, mientras que la Personalidad se forma por las experiencias sociales y personales del individuo.
Éste cuestionario evalúa siete dimensiones, cuatro de Temperamento (Búsqueda de la novedad, Evitación del daño, Dependencia de la recompensa y Persistencia). y tres de Personalidad (Autodirección, Cooperación, y Auto-trascendencia).
Los resultados analizados en conjunto informan que los padres e hijos con intentos de suicidio comparten características frente al grupo control.
Estas características definitorias son tanto de Temperamento (alta la Evitación del daño y baja Persistencia), como de Personalidad (baja Autodirección y Cooperatividad).
Algo que comenta el estudio, es que los padres comparten las mismas características de personalidad que llevan al hijo/a a tener un intento de suicidio. Como el estudio no contempla el análisis de los intentos de suicidio de sus padres, si es que ha habido, no se puede concluir de que esos factores sean determinantes, ya que en unos casos, como en los padres, las mismas características de personalidad no «desembocan» en intentos de suicidio, mientras que en otros sí, como es en los hijos.
Suicido y Prevención
Hay que tener en cuenta que entre los «supervivientes» de su intentos de suicidio, se suelen referir que no intentaban quitarse la vida, si no que era su forma de llamar la atención o quejarse de las circunstancias que vivían. Por eso, en mi opinión se debe de distinguir entre los que lo intentan y los que lo consiguen, pues puede que detrás existan motivaciones totalmente diferentes. Luego estos resultados del estudio se referirían únicamente a aquellos que lo intentan.
A pesar de ello y dado la gravedad del tema que se investiga, cualquier aportación es bien recibida para comprender mejor los motivos, pero sobre todo para tratar de prevenirlo.
La investigación científica ha demostrado una estrecha relación entre el trastorno por juego (ludopatía) y la violencia intrafamiliar. Estudios poblacionales recientes indican que los jugadores problemáticos tienen casi 3 veces más probabilidades de experimentar violencia familiar, tanto como víctimas como perpetradores. Este artículo examina la interacción entre estos fenómenos y el papel fundamental de los estilos educativos parentales en el desarrollo infantil.
El papel de la familia en el desarrollo infantil
La familia constituye el primer y más influyente contexto de socialización del ser humano. Su papel es fundamental tanto en la transmisión genética —que puede incluir predisposiciones hacia ciertos rasgos temperamentales— como en el aprendizaje social que moldea la conducta desde las primeras etapas de vida.
El modelo de crianza adoptado por los progenitores, en cuanto al establecimiento de normas, límites y la expresión de afecto, resulta determinante para el desarrollo psicosocial de los menores. La investigación en psicología del desarrollo ha identificado consistentemente cuatro estilos educativos parentales principales, cada uno con consecuencias diferenciadas para el ajuste psicológico y social de los hijos.
Los cuatro estilos educativos parentales
Diana Baumrind identificó originalmente tres estilos parentales en la década de 1960, posteriormente ampliados a cuatro por Maccoby y Martin. Investigaciones recientes (2024) continúan validando este modelo y su relevancia transcultural.
1. Estilo Democrático (Autoritativo)
Características definitorias:
Alta comunicación bidireccional y expresión afectiva entre padres e hijos
Establecimiento claro de normas de conducta con explicación de las razones
Consecuencias coherentes pero flexibles, adaptables a circunstancias específicas
Fomento de la autonomía progresiva respetando la individualidad del menor
Balance entre demandas (exigencia) y responsividad (calidez)
Evidencia científica actualizada (2024): La investigación publicada en Children demuestra que el estilo democrático promueve mayores niveles de autoestima, bienestar emocional, satisfacción vital y rendimiento académico. Los niños criados bajo este modelo desarrollan mejores habilidades de autorregulación emocional, competencias interpersonales superiores y mayor resiliencia ante adversidades.
2. Estilo Permisivo (Indulgente)
Características definitorias:
Altos niveles de afectividad y aceptación incondicional
Escasa o nula implementación de normas y límites conductuales
Satisfacción inmediata de las demandas del menor sin restricciones
Evitación del conflicto y de la frustración del hijo
Comunicación abundante pero sin estructuración normativa
Consecuencias documentadas: Los menores desarrollan dificultades significativas en el autocontrol y la autorregulación. Presentan mayor tendencia a la impulsividad, baja tolerancia a la frustración, dificultades para respetar normas sociales y problemas en las relaciones interpersonales. El rendimiento académico tiende a ser inferior debido a déficits en autodisciplina y perseverancia.
3. Estilo Autoritario
Características definitorias:
Altos niveles de control y exigencia unidireccional
Normas rígidas e inflexibles, sin posibilidad de negociación
Baja comunicación emocional y expresión afectiva limitada
Uso frecuente del castigo (físico o verbal) como método disciplinario
Énfasis en la obediencia y el respeto a la autoridad sin cuestionamiento
Investigación reciente (2024): Estudios publicados en Frontiers in Psychology confirman que el estilo autoritario se asocia con menores habilidades de interacción con pares, especialmente en varones y niños pequeños. Los menores pueden desarrollar ansiedad, baja autoestima, dificultades para expresar emociones propias, y patrones de sumisión que pueden derivar en rebeldía y conductas antisociales durante la adolescencia.
4. Estilo Negligente (Indiferente)
Características definitorias:
Baja expresión de comunicación y afecto
Ausencia de normas, límites y supervisión parental
Desatención de las necesidades físicas y emocionales del menor
Padres emocionalmente distantes e inaccesibles
Mínima inversión de tiempo y recursos en la crianza
Impacto en el desarrollo: Este estilo se asocia con los peores resultados del desarrollo infantil. Los menores presentan baja autoestima, escasas habilidades comunicativas e interpersonales, problemas de regulación emocional, mayor riesgo de problemas conductuales, bajo rendimiento académico y vulnerabilidad a psicopatología.
Tabla 1. Comparación de dimensiones clave en los cuatro estilos educativos parentales.
Ludopatía y violencia familiar: Evidencia científica actualizada
Prevalencia y magnitud del problema
La investigación científica ha establecido una relación robusta y consistente entre el trastorno por juego (ludopatía) y la violencia doméstica y familiar. Según datos poblacionales representativos publicados en el Journal of Gambling Studies (2024):
Los jugadores problemáticos tienen 2.73 veces más probabilidades de experimentar violencia familiar como víctimas (21.3%) en comparación con no jugadores problemáticos (9.4%)
Presentan 2.56 veces más probabilidades de perpetrar violencia familiar (19.7%) frente a no jugadores problemáticos (9.0%)
Incluso los jugadores de bajo riesgo muestran el doble de probabilidades de victimización (20.0%) y perpetración (19.3%)
Un metaanálisis de 14 estudios reveló que el 36.5% de los jugadores problemáticos reportaron haber abusado de su pareja
Mecanismos explicativos
La investigación ha identificado múltiples vías a través de las cuales la ludopatía puede incrementar el riesgo de violencia familiar:
1. Estrés financiero
Las pérdidas económicas derivadas del juego agotan los recursos familiares, generando tensiones que pueden escalar hacia la violencia. El endeudamiento progresivo y la pérdida de activos familiares crean un clima de conflicto crónico.
2. Deterioro emocional y relacional
Los jugadores experimentan vergüenza, culpa, desesperanza y frustración intensa, especialmente tras las pérdidas. Estos estados emocionales negativos pueden manifestarse como irritabilidad y agresividad hacia los miembros de la familia.
3. Comorbilidad psicopatológica
La ludopatía frecuentemente coexiste con otros trastornos que aumentan el riesgo de violencia:
Trastornos por uso de sustancias (alcohol y drogas)
Trastorno de estrés postraumático (TEPT)
Trastornos del estado de ánimo y ansiedad
Problemas de control de impulsos
Trastornos de personalidad
4. Impulsividad como factor transversal
La investigación ha identificado la impulsividad como un predictor significativo de la perpetración de violencia en jugadores problemáticos. Este rasgo puede ser tanto un factor predisponente para la ludopatía como un mecanismo que facilita la conducta violenta.
Factores de riesgo identificados
La investigación ha identificado factores que predicen significativamente la violencia familiar en contextos de ludopatía:
Para la victimización:
Malestar psicológico elevado
Síntomas de trastorno de estrés postraumático
Consecuencias legales derivadas del juego
Para la perpetración:
Mayor severidad de los síntomas de ludopatía
Problemas legales relacionados con el juego
Niveles elevados de impulsividad
Consumo problemático de alcohol
Impacto en los menores: La transmisión intergeneracional
Cuando existe ludopatía y/o violencia intrafamiliar, los menores se ven afectados de múltiples formas. Al encontrarse en un período crítico de desarrollo, aprenden patrones conductuales que pueden condicionar significativamente su trayectoria vital.
Efectos directos en el desarrollo infantil
Modelado de conductas agresivas: Los niños expuestos a violencia familiar internalizan patrones de resolución de conflictos basados en la agresión
Normalización de la violencia: La exposición crónica puede llevar a percibir la violencia como una forma aceptable de interacción
Alteración del desarrollo emocional: Dificultades en la regulación emocional, ansiedad, depresión y problemas de autoestima
Impacto académico: Deterioro del rendimiento escolar debido al estrés crónico y las dificultades de concentración
Riesgo de repetición del ciclo: Mayor probabilidad de desarrollar problemas de juego o ejercer/sufrir violencia en la edad adulta
«Cuando existe un problema dentro de la familia, es fundamental buscar ayuda profesional lo antes posible para no afectar al resto de los miembros, especialmente a los más pequeños, ya que al estar en un período de formación, aprenden conductas de comportamiento que condicionarán su vida futura.»
Recomendaciones basadas en la evidencia
Para profesionales de la salud
Implementar cribado rutinario de ludopatía en servicios de violencia familiar y viceversa
Evaluar sistemáticamente el consumo de alcohol, que actúa como factor exacerbante
Desarrollar intervenciones integradas que aborden ambas problemáticas simultáneamente
Prestar especial atención a pacientes con consecuencias legales derivadas del juego
Para familias afectadas
Buscar ayuda profesional especializada lo antes posible
Proteger a los menores del entorno de violencia y conflicto
Fomentar el estilo educativo democrático como factor protector
Participar en programas de apoyo familiar y terapia
Para políticas públicas
Desarrollar programas de prevención que aborden la intersección ludopatía-violencia
Formar a profesionales en la detección de ambas problemáticas
Implementar campañas de sensibilización sobre el impacto familiar del juego problemático
Garantizar recursos adecuados para servicios de tratamiento integrado
Conclusiones
La evidencia científica actualizada confirma que el trastorno por juego constituye un factor de riesgo significativo para la violencia familiar. Esta relación está mediada por múltiples mecanismos, incluyendo el estrés financiero, la comorbilidad psicopatológica y la impulsividad.
El estilo educativo parental juega un papel crucial tanto como factor de riesgo como de protección. El estilo democrático, caracterizado por la combinación de afecto, comunicación y normas flexibles pero claras, se asocia consistentemente con mejores resultados en el desarrollo infantil y puede actuar como factor protector incluso en contextos familiares adversos.
Es fundamental que los profesionales de la salud mental, los servicios sociales y las políticas públicas reconozcan esta intersección y desarrollen respuestas integradas que protejan especialmente a los menores, quienes se encuentran en un período crítico de formación que condicionará su desarrollo futuro.
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Trastorno Explosivo Intermitente
Se caracteriza por arrebatos repentinos de ira o violencia desproporcionados respecto a la situación.
La familia es un gran apoyo para los más pequeños, sobre todo cuando éstos sufren algún tipo de enfermedad, pero ¿cuál es su papel en el origen?
La importancia de la familia
Desde la Psicología Clínica, para el estudio de la base genética de las enfermedades mentales, se emplea la observación de los caracteres intrafamiliares, esto es, comprobar si algún familiar, ascendente o descendiente tenía la misma alteración médica, además del análisis de gemelos y mellizos, así como la comparación entre hijos biológicos y adoptados dentro de la misma familia.
En el primer caso, hay que indicar cuál es la diferencia existente entre gemelos y mellizos, aunque ambos nazcan durante el mismo parto, los gemelos tienen igual carga genética ya que proceden de un sólo óvulo (monocigóticos), mientras que los mellizos, tienen distintas carga genética ya que proceden de dos óvulos distintos (dicigóticos). Gracias a estos estudios, se puede comprobar la mayor o menor influencia del componente genético en aspectos como la personalidad, el carácter y la forma de ser.
Familia e hijos
En caso del estudio de los hijos “naturales” frente a los adoptados, se analiza la incidencia de las enfermedades mentales, así si dos pequeños de una familia muestran la misma enfermedad cuando uno de ellos es adoptado, se puede descartar la causa genética de la misma, siendo la única explicación posible de base ambiental, es decir, hay algo que ambos comparten, ya sea la familia, la escuela, el barrio… que hace que los dos sufran el mismo trastorno psicológico a pesar de provenir de padres y madres diferentes.
También, utilizando éste mismo paradigma se ha estudiado, si hermanos dados en adopción y viviendo en familias diferentes exhiben los mismos trastornos psicológicos, lo que sería un apoyo para la explicación genética en la base de dicho trastorno.
Aunque existen pocos casos analizados, el mejor estudio proviene de una combinación de los dos anteriores, esto es, analizar la salud física y mental, así como los caracteres de personalidad que muestran gemelos monocigóticos que han sido separados desde el nacimiento y han vivido en ambientes totalmente diferentes.
Todo ello para estudiar qué peso tenía la genética frente al componente ambiental (aprendizaje directo y observacional) en cada una de las enfermedades mentales. De ésta forma de trabajo se ha extraído que el componente genético afecta entre un 17 y 28% a los trastornos mentales más importantes, como son, esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, trastorno por déficit de atención y autismo, siendo el restante porcentaje producto de la intervención familiar y social a lo largo del desarrollo de la persona.
Como vemos a pesar de que el porcentaje de la influencia genética en las enfermedades mentales pueda parecer alto, quien mayor “peso específico” tiene en la salud mental del individuo es la sociedad en la que se enmarca, y especialmente la familia, que va a servir de pilar fundamental en la formación de la persona como individuo.
Factor no modificable #1 La herencia: Padres o hermanos que han sufrido de la enfermedad antes de los 55 años. Pic.twitter.com/qAokcdRPFb — ICQ DE LA COSTA (@icq_costa) 4 de agosto de 2016
Familia y enfermedad
A ésta misma conclusión se había llegado ya desde hace años desde la aproximación psicosomática, al observar cómo familias funcionales tenían hijos sanos, mientras que las disfuncionales provocaban que en los hijos se produjesen manifestaciones psicosomáticas que le iban a acompañar el resto de su vida.
Cuando se habla de familia disfuncional abarca cualquier aspecto de la vida laboral, social, íntima y emocional que pueda afectar al normal desarrollo del menor como persona, puediendo ser malos tratos hacia la pareja o el menor, pero también situaciones de infidelidad que generen tensión intrafamiliar, pérdida por fallecimiento o abandono de la familia por parte de uno de los cónyuges, separaciones o divorcios, situaciones de paro prolongado o de trabajos demandantes que aumenten el estrés familiar,… incluso la intervención de terceros, que convivan o tengan un gran “peso” en las decisiones familiares, pueden favorecer situaciones que al final desemboquen en una enfermedad psicosomática, influenciadas principalmente por el estrés percibido y por las propias vivencia emocionales.
Pero no pensemos que los más pequeños de la casa piensan y sienten como adultos, y que pueden llegar a ser “comprensivos” con sus progenitores, justificando sus “debilidades” y decisiones “incorrectas” tal y como lo hacen ellos. Los niños son mucho más “simples” que eso y precisamente por ello más vulnerables a los cambios bruscos emocionales o de estrés que se vivan en la familia.
Éstos cambios van a “marcar” al pequeño para un futuro, ya que son los que se graban con mayor fuerza, debido al componente emocional que acompaña, y eso que de adulto pueda que no sea consciente de ellos, aunque esté padeciendo sus “efectos”.
En el núcleo familiar se van a establecer los primeros límites, normas y regulaciones que van a regir la vida del pequeño, pero también éste va a interiorizar los ejemplos de los demás, asumiendo lo “no escrito” como propio, gracias a la capacidad de imitación del menor, es por ello, que los padres deben de asumir su responsabilidad no sólo de alimentar cuidar y enseñar las reglas de convivencia, sino también la de educar con el “ejemplo de vida”.