Mucho se ha hablado de aquellos acontecimientos que pueden llegar a marcar a una persona, sobre todo cuando se producen a edades tempranas.

Algunas investigaciones han apuntado que sufrir un abuso sexual en la infancia puede llegar a marcar la forma de relacionarse con las personas del otro sexo en cuanto a futuras parejas e incluso relaciones sociales, todo ello causado por las secuelas psicológicas, que se han visto reflejadas en alteraciones a nivel neuronal.

Aspecto que en muchos casos ha sido considerado como “menor” al pensarse que con el tiempo “se cura sólo”, o simplemente no hablando de ello “se queda en el olvido”, todo lo cual da cuenta de la escasa consideración que se tiene de los aspectos emocionales en la vida psíquica de la persona, e incluso en la física, debido al sistema PNIE (psiconeuroinmunoencodrino) el cual también está en la base de la somatización de las enfermedades, pero ¿Cuánto duran las secuelas psicológicas?

 

Esto es lo que ha tratado de responderse con una investigación realizada desde la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto, de la Universidad de São Paulo junto con el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología (Brasil) cuyos resultados han sido publicados en febrero del 2020 en la revista científica European Journal of Psychotraumatology.

En este caso se trata de un estudio de revisión bibliográfica donde se analizaron los artículos publicados en las bases de datos PubMed,  PsycINFO y Web  of  Science sobre las  experiencias adversas lo que incluye abuso físico, sexual y psicológico durante la infancia, así como experiencias vitales negativas en la familia como el divorcio de los padres, enfermedades graves, problemas económicos,…

Al final se seleccionaron 19 artículos que representa a 53,998 mayores de edad, de los cuales el 79% eran adultos entre 45 a 65 años, encontrando relaciones significativas entre estas experiencias adversas en la infancia y padecer enfermedades pulmonares específicamente asma, asociado a un mayor consumo de tabaco.

Es decir, el estudio muestra cómo las personas que han padecido este tipo de experiencias en la infancia van a ser más proclive a consumir tabaco y esto a su vez va a poner en riesgo su salud con un incremento significativo de padecimiento de asma, frente a la población general.

Entre las limitaciones del estudio está que no se llevó a cabo un análisis separado por género, ni tampoco se investigaron otros consumos de sustancia entre los participantes.

Aunque los resultados son claros en cuanto a la asociación significativa encontrada, no por ello puede ser explicado únicamente por un mayor consumo de tabaco, ya que el mismo puede estar motivado precisamente por unos mayores niveles de ansiedad causados por las experiencias negativas vividas entre la infancia.

Igualmente, no se ha tenido en cuenta como variable de análisis la posibilidad de que los adultos puedan haber recibido o no atención psicológica, con lo que podría analizarse por separado, el efecto de la terapia en la prevención de enfermedades futuras.

A pesar de lo anterior hay que señalar la importancia de prevenir, detectar, pero sobre todo intervenir en aquellos menores que están expuestos a situaciones graves, ya sean vivencias propias o dentro de su familia, ya que esto puede llegar a marcar el futuro de la salud de esa persona.

 

 

Artículo:

Samuel Lopes, Jaime Eduardo Cecilio Hallak, João Paulo Machado de Sousa& Flávia de Lima Osório (2020) Adverse childhood experiences and chronic lung diseases inadulthood: a systematic review and meta-analysis, European Journal of Psychotraumatology, 11:1,1720336, DOI: 10.1080/20008198.2020.1720336

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