¿Existe relación entre el estrés oxidativo y la esquizofrenia?

Muchos son los avances que se han hecho en cuanto al diagnóstico y el tratamiento de la esquizofrenia, aunque sus causas siguen siendo esquivas para la ciencia.

Si bien es cierto, que de las enfermedades mentales parece ser que es de las que guardan una mayor carga genética comparado con otras patologías, esto no explica por qué en unos familiares se presenta y en otros no.
Al respecto se suele argumentar que se trata de un origen multifactorial, donde intervienen distintos parámetros, sin saber decir muy bien en qué medida influye cada uno, y si son efectivamente todos necesarios o no para que se produzca la esquizofrenia.
En los últimos años se ha descubierto un factor que está en el origen, mantenimiento y agravamiento de algunas patologías neurológicas como la enfermedad de Alzheimer, me refiero al estrés oxidativo.
Si es la primera vez que escucha este concepto, indicarle que no se trata de una modalidad de estrés humano, sino que son diversos factores ambientales y del propio organismo que provocan un “agotamiento” de los recursos del organismo e incluso en algunos casos alteraciones genéticas que llevan a enfermar a la persona.
Son muchas y muy diversas las fuentes del estrés oxidativo, ya sea la exposición puntual a tóxicos, vivir o trabajar en determinados lugares durante un tiempo o incluso el estrés crónico, pero ¿Existe relación entre el estrés oxidativo y la esquizofrenia?


Vídeo recomendado: Documental psicología el misterio de la esquizofrenia

Esto es lo que ha tratado de responderse con una investigación desde el Hospital Universitario Beijing Hui-Long-Guan y el Hospital Psiquiátrico Suzhou (China) cuyos resultados se han publicado en noviembre del 2018 en la revista científica Translational Psychiatry.
En el estudio participaron 89 pacientes diagnosticados con esquizofrenia, con edades comprendidas entre los treinta y cinco a sesenta y cinco años, teniendo el diagnóstico por lo menos durante cinco años y estando estables en su medicación durante los últimos doce meses.
A todos ellos se les tomaron medidas sobre su peso y altura, para calcular si sufrían sobrepeso, además de evaluar aspectos emocionales mediante el Positive and Negative Syndrome Scale (PANSS).
Igualmente, se les realizó una extracción de sangre para determinar los niveles de estrés oxidativo, calculado a partir de la concentración de malondialdehído en plasma (MDA), de la enzima superóxido dismutasa (SOD), de la catalasa (CAT) y de la enzima glutatión peroxidasa (GPx).

Los resultados se calcularon comparando entre los pacientes con sobrepeso frente a los que no lo tenían, encontrando que aquellos que tenían sobrepeso mostraban mayores niveles de estrés oxidativos.
Un resultado inesperado fue encontrar cómo los pacientes con sobrepeso fueron los que menos psicopatología mostraban, a pesar de tener mayores niveles de estrés oxidativo.
Ante esta aparente contradicción de los datos, los autores del estudio sugieren seguir investigando antes de poder concluir al respecto.
Entre las limitaciones del estudio comentar que no se realizó un análisis por género ni por edad, lo que pudiese haber proporcionado información valiosa sobre cómo se distribuían los resultados significativos.
Igualmente queda por estudiar si los niveles de estrés oxidativo están en niveles más reducidos entre aquellos pacientes con esquizofrenia tratados y estables, y los que no lo están.
Todo ello daría cuenta de cómo afecta en la salud mental el estrés oxidativo, quedando para próximas investigaciones el comprobar cómo interviniendo en dicho estrés oxidativo, se reducen los niveles de psicopatología asociados.