¿Qué consecuencia tienen las guerras en los menores?


Cuando uno piensa en los conflictos armados, lo suele hacer en los intereses de uno u otro bando, o en las “motivaciones” que llevan a actuar, pero en ocasiones se olvida a la población más indefensa, los niños.

Menores y Guerra

A pesar de que en ocasiones se les da un poco de “protagonismo” a los menores, sobre todo cuando se solicita más ayuda humanitaria para atender las consecuencias de la guerra, en ocasiones no se le presta la atención debida.
En estas situaciones se piensa en herido, “bajas”, refugiados o desplazados, pero no tanto en las personas y los dramas que se están viviendo en las familias.
En estos acontecimientos es fácil perder a seres queridos, separarse temporal o definitivamente de ellos, o quedar huérfanos en el caso de los menores.
Los adultos con una personalidad establecida, tienen que hacer frente ya no sólo a las consecuencias físicas y psicológicas de la guerra y sus consecuencias, en cuanto a la pérdida o deterioro de sus propiedades, a verse “obligado” a desplazarse dejando todo lo que conoce atrás, a tener que “mendigar” por comida en las ONGs o centros de aprovisionamiento, pero ¿Qué consecuencia tienen las guerras en los menores?


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Padres y Guerra

Esto es lo que ha tratado de averiguarse con una investigación realizada desde la universidad Bar-Ilan y la Universidad Hebrea (Israel) cuyos resultados han sido publicados en el 2018 en la revista científica Children and Youth Services Review.
En el estudio participaron trescientas cincuenta y cuatro familias israelitas que acogieron temporalmente a huérfanos de la Gaza.
A los participantes se les pasó una escala para evaluar su nivel de exposición a la guerra, una escala de trastorno por estrés post-traumático, una escala para evaluar el deterioro social-amistad y laboral-escolar, y la última sobre el apoyo social percibido; igualmente se recogieron datos sociodemográficos de los mismos.
El hecho de evaluar a los padres y no a los hijos está en la idea de que los padres, aunque sean de acogida, son los que proporcionan estabilidad emocional y psicológica al menor, de forma que si estos sufren estrés post-traumático, se verá comprometido la salud emocional y psicológica del menor.


Consecuencias de la guerra

Los resultados muestran que únicamente un 5% sufrieron estrés postraumático, siendo significativamente mayor este porcentaje entre los participantes que tenían un menor nivel educativo, y al contrario, entre los padres “religiosos” se tenían menores niveles de estrés postraumático.
No se encontraron diferencias significativas entre el apoyo social y el sufrimiento de estrés post-traumático.
Una de las principales limitaciones del estudio es que no se ha evaluado el nivel de estrés en los menores, ni siquiera su nivel de adaptación para determinar si existe sintomatología o comportamientos causados por la guerra.
Tampoco se realiza un distinción en función de si el padre de acogida es varón o hembra, para saber si es una variable relevante o no.
A pesar de estas limitaciones y en cuanto a la idiosincrasia del pueblo judío, el estudio se muestra como innovador en cuanto al análisis de la salud psicológica a través de los padres de acogida.
Tal y como resaltan los autores, aunque no se hayan encontrado diferencias en función de la apoyo social, es imprescindible la ayuda profesional tanto en la detección de la sintomatología asociada al trastorno por estrés post-traumático como en su intervención, ya que de ello va a depender la salud del menor.

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