¿Está relacionado el nivel de inteligencia con la intención de voto?

Hablar de inteligencia es hacerlo de la capacidad para afrontar con éxito las pruebas de decisión, algo que a priori no tiene que ver con votar hacia un partido u otro, o elegir una opción política u otra.

Tradicionalmente se ha tratado de predecir el voto en función de la ideología, personalidad, aspectos sociodemográficos, y no tanto el nivel de inteligencia.
Y al contrario, la inteligencia se ha visto cómo un buen predictor para determinadas decisiones, además de la salud, la criminalidad, el nivel educativo, el empleo a desarrollar, las relacioens sociales e incluso la ideología.
Un reciente estudio sobre las últimas elecciones americanas entre republicanos y demócratas, analizó mediante un cuestionario de inteligencia general la opción política hacia la cual se votó, descubriendo que no existen diferencias en cuanto al nivel de inteligencia entre los que votaron a Trump y los que lo hicieron por Clinton.
En el caso de las elecciones inglesas entre laboristas y conservadores sí se hallaron diferencias en el nivel de inteligencia de los votantes de uno u otro partido, aunque estas fueron mínimas.
Algunas investigaciones han mostrado cómo las personas de mayor nivel intelectual optan por ideología conservadoras cuando únicamente existen dos opciones políticas, a pesar de lo cual esto no siempre se traduce en diferencias de voto.
Es por ello que en esta investigación se analiza un país donde existe una gran diversidad de partidos, sin estar concentrado en dos opciones políticas como en muchos otros.
Para clasificar estos partidos se emplearon dos criterios, en función de la ideología, de derechas o de izquierdas; y en función del aspecto económico; economía social o economía conservadora.
Hay que tener en cuenta las diferencias entre la ideología, opción de voto y el voto emitido.
En ocasiones existen circunstancias como el fracaso de un partido, el totalitarismo, o el voto castigo, que hacen que se vote a un partido distinto al de su ideología, lo que hace que sea menos predecible el voto final.
Además, en la decisión final, no sólo va a tener en cuenta la ideología si no los candidatos, el partido, la campaña electoral,… todo lo cual va a influir de forma diferente para cada perona.
A pesar de lo anterior, seguro que conocerás casos de genios que declaraban abiertamente su simpatía hacia una u otra ideología, lo que daría cuenta de un cierto nivel de libertar en la hora de emitir el voto.
Si aquellos que son más inteligente apoyasen a una determinada opción política se podría estar hablando no sólo de que los “más listos” saben que esa es la “mejor” opción, si no de que además se podría estar hablando de cierto determinismo genético hacia dicha opción política.
Hay que recordar que a pesar de los esfuerzos por las instituciones educativas en fomentar el desarrollo de la inteligencia entre su alumnado, hoy se reconoce el fuerte peso que tiene la herencia genética en la velocidad de aprendizaje, llegándose a afirmar que el 80% de la inteligencia es genética y el 20% esfuerzo.
Por tanto si los más inteligentes votasen a un partido, sería porque así vendría determinado por su nivel de inteligencia, y por tanto por su genética.
Idea que desde las ciencias sociales es rechazada, ya que, primero, no se ha encontrado datos que apoyen sobre que los “más listos” votan todos la misma opción política, y segundo, un resultado así iría en contra de la propia idea de libertad de pensamiento e ideología, pero ¿Está relacionado el nivel de inteligencia con la intención de voto?


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Esto es lo que se ha tratado de responder con una investigación realizada desde el Departamento de Psicología de la Universidad de Southern y el equipo de Big Gada, del Municipio de Copenage (Dinamarca) cuyos resultados han sido publicados en septiembre del 2018 en la revista científica Intelligence.
Se llevaron a cabo dos estudios, el primero participaron 2566 americanos de los cuales únicamente 1419 respondieron sobre a quién votaron en las últimas elecciones, recogiendo los datos mediante encuesta virtual, donde se identificaba además la opción política mediante una escala creada al efecto y las habilidades cognitivas evaluado mediante el International Cognitive Ability Resource (ICAR).
Los resultados muestran que aquellos con una mayor inteligencia prefieren un modelo de economía conservadora, aunque rechazan el conservacionismo social, es decir, prefieren políticas sociales.
Estos resultados son contradictorios entre sí, ya que no se puede tener más gasto social y a la vez tener una política conservadora económicamente, lo que explicaría porqué es tan difícil predecir que votarán al final las personas más inteligentes.

En el segundo estudio participaron 953 adultos de Dinamarca, donde las respuesta sobre los test de habilidades cognitivas se extrajeron de las puntuaciones alcanzadas en los resultados de las pruebas que realiza a los voluntarios en el ejército extraídas del Børge Priens Prøve (BPP) que incluía cuatro pruebas, analogías verbales, secuencias de números, matrices de letras y
figuras geométricas; en este caso el participante debía de votar a cuál de los cinco partidos había votado en las últimas elecciones.
Los resultados muestran una consistencia con respecto a los datos americanos, así a mayor nivel de inteligencia se tiende a elegir las opciones que incluya un modelo conservador económico, y en contra de un modelo social conservador.
Esto es, los más inteligentes prefieren un modelo de distribución de la riqueza entre todos los ciudadanos, pero sin que ello suponga una sobrecarga para la economía del país.
Una solución válida en aquellas economías con importantes incrementos en su PIB, los cuales pueden asignar una parte a cuestiones sociales, donde a mayor economía, mayores ayudas sociales.
En cambio, este modelo se pone en tela de juicio cuando las condiciones económicas no son las más adecuadas, o ante recesión económica, donde hay que priorizar dónde destinar el dinero.
Igual caso se da actualmente en Europa ante la avalancha de personas refugiadas y otros inmigrantes, donde el gasto social se ha elevado haciendo que se tengan que cambiar las prioridades económicas de los gobiernos.
Un difícil equilibrio que se refleja en los votos de los más inteligentes, donde se tienen en cuenta estos dos factores, independientemente del partido que los presente.