Niño Rico – Niño Pobre y sus consecuencias en el desarrollo lingüstico


Todos vemos necesario alimentar y cuidar a nuestros hijos, ofreciéndoles lo mejor que podemos, ¿pero nos preocupamos de su desarrollo lingüístico?

Desarrollo del lenguaje

Desde los origines de la Psicología de la Educación, se planteó la necesidad de una correcta estimulación en función de la edad, de ahí la importancia de las aportaciones como la de Jean Piaget, quien describió cuatro grandes etapas del desarrollo cognitivo, la etapa sensoriomotora, que abarca desde el nacimiento hasta los 2 años; la etapa preoperacional, que va desde los 2 a los 7 años, la etapa de las operaciones concretas, de 7 a 12 años y la etapa de operaciones formales, a partir de los 12 años en adelante.
Un reciente estudio realizado por la Stanford University y publicado en Developmental Science analiza las habilidades lingüísticas dentro de la primera etapa de Piaget, la sensoriomotora,  caracterizada por primar la estimulación sensorial y la capacidad de interactuar con su medio ambiente a través de los sentidos, pero también es en donde se sientan las bases de la comunicación lingüística.



Etapas sobre el lenguaje

El desarrollo del lenguaje va progresivamente mejorando con la práctica, desde las primeras sílabas pronunciadas sobre los primeros 6 meses, pasando por las primeras palabras sobre los 11 o 12 meses, hasta llegar a los 18 meses donde se manejan con soltura una docena de palabras empezando a formar frases con sentido complejo.
Es precisamente en ésta última edad, donde se han fijado los investigadores, para analizar el efecto de la clase social sobre el lenguaje, partiendo de resultados previos que informaban sobre la necesidad de la correcta estimulación por parte de los cuidadores para proporcionar suficiente experiencia lingüística sobre la que cimentar el lenguaje del pequeño.
Las conclusiones a las que llegaron son claras, los niños de padres ricos obtuvieron mejores resultados en una prueba lingüística creada para éste estudio, comparado con hijos de padres “pobres”. Una de las debilidades de éste estudio es que no concreta qué se entiende por pobre o rico, ni cuál sería el límite que separa ambas condiciones, ya que únicamente se han seleccionado a los participantes según la localización de su vivienda, así los ricos eran los que vivían cerca de la Universidad de Stanford mientras que los pobres eran los que vivían en los pueblos de las afueras.


Investigación sobre el lenguaje

Como a los 18 meses no se le puede preguntar al pequeño para evaluar su capacidad lingüística, debido a sus limitaciones en cuanto al número de palabras y estructuras que puede conformar, se realizó un diseño donde se le pedía al menor que mirase al dibujo de la palabra que escuchaba, para eso se le presentaban dos imágenes en cartulinas separadas, y una voz grabada que indicaba el nombre de uno de los dibujos, y el pequeño no debía de hacer más que mirar a la imagen “correcta”. Todo ello grabado con videocámara, lo que luego fue analizado para comprobar cuánto tiempo empleaba en mirar a la opción correcta. Observando cómo tardaban sustancialmente más aquellos pequeños cuyo estatus social era más bajo que los otros de clase alta.
Lo que se interpreta, como que el tiempo que dedican los progenitores de las clases más desfavorecidas, es menor y de peor calidad a la hora de estimular lingüísticamente a sus hijos, lo que provoca éste retraso en comparación con los que reciben mayor estimulación que son los de clase alta.
Ésta prueba se volvió a realizar con los mismos pequeños seis meses después, para comprobar si los efectos del “retraso” mostrado por el grupo de hijos de progenitores “pobres” se mantenía en el tiempo.
Los nuevos datos mostraron mejores niveles lingüísticos, a pesar de lo cual seguían produciéndose diferencias significativas entre los hijos de los pobres con respecto a los hijos de los más pudientes.
Éste estudio se ha tratado de hacer en España, y no se han obtenido los mismos resultados, no encontrándose diferencias entre las habilidades lingüísticas de los pequeños en función del estatus de sus progenitores.
La conclusión a la que llega el estudio, es que es necesario una estimulación enriquecida, en cuanto a proporcionar experiencias lingüísticas, para que el pequeño vaya adquiriendo nuevo vocabulario con lo que desarrollar un lenguaje adecuado de mayor.

Si bien el desarrollo de los pequeños parece “programado” por la naturaleza, todo lo que se pueda hacer por parte de sus progenitores, para estimular adecuadamente dicho desarrollo, le va a beneficiar tanto en la formación de nuevas estructuras lingüísticas, como en la consolidación con nuevos aprendizajes.

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